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8M un paro, mil historias de la desigualdad

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PH: Sheila Da Silva
“no sólo es una fortaleza del movimiento de mujeres, sino que da cuenta de la transversalidad de las problemáticas que sufrimos por ser mujeres, en los distintos ámbitos de nuestras vidas”

Mujeres, lesbianas, travestis y trans se unieron en todo el mundo este 8M en un solo grito: “si nuestro trabajo no vale, produzcan sin nosotras”. El paro internacional que alcanzó más de 50 países tuvo importantes manifestaciones en Argentina, donde aproximadamente 700 mil personas se congregaron en Buenos Aires para marchar hacia el Congreso, al igual que en diferentes ciudades del país.

Participantes en organizaciones feministas, sociales, culturales, políticas y “mujeres de a pie” siguen reclamando: “estamos hartas de la violencia que en nuestro país se cobra la vida de una de nosotras cada 30 horas”, dando cuenta de una estadística que solo las organizaciones se han preocupado en registrar.

Pero la violencia no solo se expresa en los altos índices de feminicidios que se registran en Argentina y gran parte del mundo, sino que también se da en una trama de relaciones de poder donde la sujeción se pone de manifiesto en aspectos simbólicos, mediáticos, en la vida cotidiana, así como en ámbitos laborales, privados, en la restricción al acceso a la salud, a la educación, y a una vida donde queden desterrados estereotipos de un modelo machista y patriarcal aún vigente.

“Paramos para manifestarnos en contra de este contexto nacional de ajuste y represión que estamos viviendo particularmente las argentinas y donde están desmantelando los espacios de género que hemos logrado con mucho esfuerzo” expresó Mara Luján de Mujeres Tramando, una organización civil que viene trabajando hace más de 30 años en el tema.

Aún con toda la fuerza que ha adquirido el movimiento feminista las mujeres han tenido que volver a explicar por qué pararon. “Paramos por nuestros derechos laborales, la defensa de los puestos de trabajo, por la reincorporación de las compañeras despedidas que nos afectan a todxs lxs trabajadorxs pero sobretodo  a nosotras. Por eso  decimos que los despidos tienen ‘rostro’, tienen ‘cara de mujer’ concluye Luján, mientras su voz se suma al de miles en todo el mundo que siguen exigiendo por el diseño de políticas públicas a corto y largo plazo con perspectiva de género que cuenten con recursos indispensables, Educación Sexual Integral y “Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir” lema de la Campaña Nacional por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito que recién comienza a debatirse en el Congreso Nacional.

“Como parte integrante de la Asamblea Participativa de Mujeres, Lesbianas, Travestis y Trans de la ciudad de Paraná, comparto cada una de las razones por las cuales, este 8 de Marzo, paramos. Porque  no hay reconocimiento del trabajo doméstico y de cuidados que suma, al menos, tres horas más a nuestras jornadas laborales;  porque siendo la mitad de la población nuestra tasa de empleo es más baja que la de los varones;   porque se sigue ejerciendo un control sobre nuestros cuerpos; porque exigimos el cupo laboral trans; porque frente al ajuste se ajusta el acceso a derechos básicos como la anticoncepción; porque las mujeres somos las más pobres junto con niños y niñas; porque la violencia hacia nosotras persiste en la calle, en las pantallas, en las instituciones, en las universidades;  porque  nos siguen matando” dice por su parte Carina Carmody, licenciada en Trabajo Social, docente e investigadora de la Universidad Nacional de Entre Ríos.

En todas partes del país, mujeres, lesbianas, travestis y trans, que vienen año tras año sumándose a esta oleada feminista, acuerdan en cada una de estas razones, reconociéndose diversas, juntas y organizadas en una acción que consideran una manifestación absolutamente política: “El paro es político y es personal. Porque lo personal cobra una fuerza política al enlazar el reclamo colectivo”.

Una agenda cargada de temas de género

Si bien el movimiento de mujeres ha ido logrando instalar en el debate público los temas que preocupan y ocupan a los distintos colectivos de género, organizaciones sociales, políticas y culturales, el desafío es lograr que el enfoque de género sea considerado como una prioridad y se instrumente en políticas públicas concretas-

“Leyes, normas judiciales, normativas escolares, protocolos de actuación frente a las violencias… mucha letra escrita que no logra traducirse de manera contundente y efectiva en políticas públicas” indica Carmody . Y añade: “No sólo por la falta de presupuesto -que falta dinero, vaya que sí!!- sino más que nada porque nuestro sistema de organización social patriarcal goza aún de muy buena salud y es el que sostiene la desigualdad de género, que se hace aún más opresiva cuando las identidades feminizadas son pobres”.

“Porque de esto hablamos, de la desigualdad marcada en la homofobia, en el disciplinamiento heteronormativo de nuestros cuerpos,  en la división sexual del trabajo que no distribuye las tareas domésticas y de cuidado; en la hipocresía del sistema de salud que aborta en el sector privado pero  alega ‘cuestiones de moral’ en el ámbito público; en la intromisión de preceptos religiosos en el orden público-estatal” remarca.

Desde el movimiento feminista se reconoce el trabajo por una sociedad más justa y se reconoce que “si bien mucho hemos avanzado, tenemos la responsabilidad de no dar ni un paso atrás. El movimiento feminista, con más de 30 años de Encuentros Nacionales de Mujeres han marcado la agenda”.

“Desde estas trayectorias, con la experiencia del paro del 8M en 2017, y el crecimiento en participación de mujeres de distintos gremios y organizaciones sociales llegamos a este 8M organizadas,  con mucho debate político y con importantes consensos en la defensa de los derechos conquistados y en los que quedan aún por conquistar.  Y nos encuentra, como solemos decir, diversas pero no dispersas”, dice Carmody para reconocer en esta tarea la unidad alcanzada con gremios, sindicatos, organizaciones sociales, universidades, centros de estudiantes, vecinales “no sólo es una fortaleza del movimiento de mujeres, sino que da cuenta de la transversalidad de las problemáticas que sufrimos por ser mujeres, en los distintos ámbitos de nuestras vidas”.