La reducción de la mortalidad materna en la región, un método para valorar la prematuridad en recién nacidos, la nomenclatura del llamado “sufrimiento fetal agudo” y un sistema informático perinatal que funciona desde 1983, y que ahora se adaptó al contexto de la pandemia por COVID-19, son solo algunos de los logros y las innovaciones del Centro Latinoamericano de Perinatología (CLAP) de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), con sede en Montevideo, Uruguay, que cumple 50 años de vida.

Es un trabajo silencioso, pero que tuvo y tiene impacto en miles de vidas. “En 50 años, los avances en conocimientos y tecnología han aumentado y mejorado la calidad del cuidado y, por lo tanto, los resultados. La mortalidad neonatal se ha reducido muchísimo y la sobrevida, aun en recién nacidos muy pequeños, ha aumentado”, afirmó el pediatra argentino Pablo Durán, asesor regional en salud perinatal de la OPS.

En los últimos años, dijo Durán, el CLAP se ha enfocado en generar evidencias y herramientas que permitan dar visibilidad a los cuidados, pero también a las políticas y legislaciones que aseguren el cuidado de calidad de aquellas condiciones (prematuridad, los defectos congénitos u otras enfermedades) que pueden afectar el capital humano de los niños y sus familias y el capital social de nuestros países.

Más de 2.000 profesionales, incluyendo médicos obstetras y neonatólogos, enfermeros y parteras de América Latina, el Caribe y Europa, se formaron en el CLAP. Y su misión de capacitación continua.

Algunos hitos

El conocido “puntaje de Capurro”, un método creado por el neonatólogo uruguayo Haroldo Capurro para valorar la edad gestacional o prematuridad en recién nacidos, ha sido propuesto desde CLAP desde la década del ’70 y utilizado en toda la región.

Dos especialistas de ese centro realizaron un aporte clave: Roberto Caldeyro-Barcia (primer director del CLAP) y Hermógenes Álvarez, quienes efectuaron por primera vez la medición de la presión amniótica (intrauterina). “Esto revolucionó la fisiología obstétrica moderna porque de ahí derivan la casi totalidad de los estudios de contractilidad uterina. Así se pudo medir la presión necesaria que se necesita para lograr la dilatación uterina”, explicó el gineco-obstetra uruguayo Bremen De Mucio, asesor regional en salud materna de la OPS.

En CLAP también se determinó que las contracciones se generan en los cuernos uterinos y de allí descienden, reclutando más y más fibras musculares para finalmente producir la dilatación del cuello uterino. “Eso también llevó a describir la llamada inversión del triple gradiente descendente y como solucionarlo médicamente, sin necesidad de efectuar una cesárea innecesaria”, destacó De Mucio.

El CLAP también definió la nomenclatura del sufrimiento fetal agudo, una asfixia fetal progresiva que puede llevar a descompensación, deterioro de los órganos y muerte. Y allí también se hizo la primera reanimación fetal dentro del útero, antes de la cesárea. “Esto es de una importancia sustantiva, porque los bebés nacen en mejores condiciones que aquellos que son directamente sometidos a una cesárea. A nadie se le ocurre trasladar a un adulto inestable, pero pocas veces se tiene presente, antes de una cesárea, lo necesario que es estabilizar al feto”, puntualizó De Mucio.

Bajo la dirección del obstetra argentino Ricardo Schwarcz, el CLAP también desarrolló un protocolo latinoamericano para reducir los partos prematuros, promoviendo el uso de los corticoides para acelerar la madurez pulmonar fetal. E impulsó una historia clínica perinatal estandarizada, que hasta hoy sirve de hoja de ruta a cada prestador que atiende a una mujer gestante y a un recién nacido, de manera que efectúe las intervenciones mínimas imprescindibles durante el proceso de atención.

Desde 1983, estas iniciativas van acompañadas de un sistema informático perinatal (SIP) que ya usan 30 países en la región y que “permite analizar localmente esa información”, subrayó De Mucio.

Asimismo, en el contexto de la pandemia, el CLAP produjo guías y recomendaciones para la atención de las embarazadas y los recién nacidos y creó el formulario SIP COVID-19, una herramienta informática que permite crear una base de datos local y nacional para conocer el impacto del nuevo coronavirus en esta población y oriente hacia una mejor prevención, diagnóstico y tratamiento.

Cambios en la tecnología, y en la humanización

En el curso de medio siglo, los cuidados a los recién nacidos han mejorado sustantivamente desde muchas perspectivas, afirmó Durán. En ese lapso, hubo progresos en terrenos tales como la asistencia ventilatoria; los aportes nutricionales; el mantenimiento del calor y las condiciones vitales de los recién nacidos; el cuidado canguro; los bancos de leche humana; el tamizaje, prevención y tratamiento de la retinopatía del prematuro; o los conocimientos acerca de las implicancias del crecimiento y salud fetal y postnatal y su impacto en el desarrollo de enfermedades de la edad adulta.

“Pero no se trata sólo de tecnología. El cuidado del recién nacido ha mejorado fundamentalmente desde una perspectiva de humanización”, precisó Durán.

El recién nacido ha sido visibilizado como un sujeto de derechos, en el seno de la familia, y eso produjo una transformación progresiva de las unidades de neonatología. “La posibilidad de los padres de ingresar a las unidades de neonatología, la revisión de prácticas que no siempre eran necesarias para los niños, el fortalecimiento de la lactancia materna y el contacto temprano de las madres y los niños, se han dado en este tiempo”, indicó Durán.

Para De Mucio, se ha visto un avance positivo hacia la atención institucional del parto por parte de profesional competente, capaz de atender un parto normal, pero también responder activa y oportunamente a las principales complicaciones obstétricas.

Como contrapartida, apuntó De Mucio, subsisten desigualdades que muchas veces impiden que todos los niños y sus familias puedan acceder a estos cuidados. Por otra parte, creció una hiper medicalización y un aumento del intervencionismo obstétrico, que trasladó el centro de atención de la mujer y su familia al equipo de salud.

Un reflejo de esa tendencia es el incremento de las cesáreas. “Estamos viviendo una epidemia de cesáreas injustificadas e innecesarias que aumentan las chances de sufrir complicaciones (materno-neonatales) y que, a su vez, elevan los costos de atención y no permiten cumplir los deseos de muchas mujeres que aspiran tener un parto normal”, afirmó De Mucio.

“Quedan muchos desafíos por resolver. Pero los avances del CLAP fueron muchos y de hecho existen pruebas concretas de que nuestro trabajo ha ido por el buen camino”, concluyó De Mucio.

Fuente: Agencia CyTA-Leloir