Desde hace un tiempo se ha comenzado a poner en evidencia las grandes contribuciones que han realizado las mujeres a nivel científico a lo largo de la historia. Sin embargo durante siglos, fueron invisibilizadas e incluso muchos de sus descubrimientos fueron registrados por hombres que se vieron directamente beneficiados por la tarea que realizaban las mujeres que no podían “aparecer”. La perspectiva de género en el ámbito científico es un tema relativamente nuevo y nos permite dar dimensión al aporte que han realizado cientos de mujeres en el mundo.

En el día de las y los científicos, volvemos a los datos que se comienzan a develar a raíz también de haberse establecido en algunos países el “Día Internacional de la Niña y la Mujer en la Ciencia”, como en Argentina que se conmemora cada 11 de febrero y que ha establecido distintas herramientas y recursos estadísticos en la materia como equidad de género en las ciencias y tecnologías un sitio que brinda datos respecto a este tema.

De acuerdo a la información disponible hoy en Argentina son más la cantidad de mujeres que se dedican a la investigación y a las tecnologías. En este país, se da un registro de casi un 60 por ciento de mujeres dedicadas a la ciencia en contraste con el 30 por ciento que se observaba a nivel mundial, lo que llevó a que la Argentina recibiera una distinción de la UNESCO. El crecimiento de la cantidad de mujeres investigadoras fue producto de  una política pública desarrollada entre 2003 y 2015 que permitió la expansión del sistema científico que en los últimos años estuvo frenada, y también como consecuencia del reconocimiento de derechos como la licencia por maternidad para las becarias, y de la sanción de protocolos de acción en casos de violencia de género.

La brecha en cargos directivos

Aun así, de acuerdo a las investigaciones en temas de equidad, las mujeres investigadoras acceden en menor medida que sus colegas varones a los niveles superiores de la carrera de investigación (investigador/a Superior y Principal en CONICET o categorías I y II del Programa de Incentivos a los Docentes Investigadores), sosteniendo el conocido “efecto tijeras”.

Del mismo modo se da esta inequidad respecto a la ocupación de los máximos cargos jerárquicos de gestión de las organizaciones del sistema, que da cuenta del denominado “techo de cristal”, donde, por ejemplo, en organismos en ciencia y tecnología están cubiertos casi por el 90% por hombres.

Estos datos nos permiten poner en tensión ciertos paradigmas que se continúan sosteniendo en nuestro sistema de las ciencias y buscar políticas públicas que tiendan a ofrecer igualdad de oportunidades en este ámbito.

Del mismo modo la investigadora Inés Pérez, investigadora adjunta de CONICET Mar del Plata que desarrolla sus tareas en el Grupo de Estudios sobre Familia, Género y Subjetividades de la Universidad Nacional de Mar del Plata, señaló en una entrevista recientemente publicada en el propio sitio del Conicet. Mujeres en la ciencia que desde hace décadas, y aunque desde diversas posiciones epistemológicas, autoras como Anne Fausto Sterling, Sandra Harding, o Donna Haraway, han señalado que el conocimiento científico, pretendidamente “objetivo”, tiene un fuerte sesgo de género. La definición de los problemas a investigar, los datos que pueden considerarse válidos, las metáforas a partir de las que se construye el conocimiento científico, están marcados por ese sesgo. “Si pensamos que el conocimiento no se produce en abstracto, sino de manera situada, desde posiciones específicas en términos sociales, y también de género, es fácil ver que por nuestra experiencia -que aunque diversa, tiene en común la posición de subalternidad en una sociedad patriarcal-, las mujeres podemos incorporar diferentes problemas, sujetos y formas de conocer”, señala Pérez.

Y agrega: “A pesar de que existen derechos como la licencia por maternidad, el modelo de investigador científico sigue siendo fuertemente androcéntrico. No es solo que las mujeres deban enfrentar los prejuicios sexistas de muchos de sus colegas, sino que hay una fuerte presión por adoptar un recorrido biográfico construido a partir del modelo de un varón sin responsabilidades domésticas. En ese contexto, algunas mujeres deciden retrasar la maternidad, o tener menos hijos de los que hubieran deseado. En caso de nacimiento de un hijo, la ausencia del lugar de trabajo implica quedar relegadas frente a sus pares varones que, aún siendo padres, no tienen la misma carga de responsabilidad sobre el trabajo doméstico y de cuidados. Eso se traduce, luego, en un número menor de publicaciones, en mayores dificultades a la hora de ingresar en la Carrera de Investigador o de pedir una promoción”.

De allí que en este día celebramos el aporte que realizan las mujeres en las ciencias e instamos a la incorporación de la perspectiva de género, como un aspecto clave en el desarrollo, implementación y evaluación de las políticas públicas que permitan acortar las brechas de género, el techo de cristal, el efecto tijeras, o el suelo pegajoso, categorías que nos sirven para dar cuenta de la serie de pérdidas de oportunidades que tienen las mujeres en un sistema androcéntrico que atañe también a las ciencias.